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TEMA: Revolución y terror: preámbulo del Totalitarismo

Revolución y terror: preámbulo del Totalitarismo 04 Dic 2019 22:49 #11215

El "Reino del Terror", como se ha conocido al período más violento y cruel de la Revolución Francesa, comenzó el 5 de septiembre de 1793 cuando la Convención votó a favor de instrumentar medidas de terror para reprimir las actividades "contrarrevolucionarias". Es un episodio de arrolladora eliminación de toda oposición que se repitiría en diversas ocasiones en la historia más reciente como preámbulo a la entronización de los regímenes totalitarios.

Es notable que mientras esto ocurría, en octubre de 1793, Nicolas de Cariat, Marqués de Condorcet, terminaba su obra "Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano", en el que describía las fases por las que pasaría el ineludible progreso del hombre hasta su culminación. Mientras escribía, se acumulaban los cadáveres en pleno Terror revolucionario. Sin embargo, su título de nobleza bastó para que tuviera que esconderse para salvarse de la guillotina, pese a su fama, proclamada por Voltaire como "filósofo universal", y a que al estallar la Revolución había tenido un papel protagonista predicando una reconstrucción racionalista de la sociedad.

De hecho, tras la toma de la Bastilla, fue elegido para el Consejo Municipal de París y en 1791 fue representante de París en la Asamblea. Pero como en todas las revoluciones que desembocan en el totalitarismo, estos revolucionarios idealistas de la primera etapa acaban siendo eliminados. Condorcet, como muchos otros idealistas de entonces, fue apresado y murió en su celda el 29 de marzo de 1794. La mayoría de ellos fueron ajusticiados.

Jean Jacques Rousseau fue otro precuror de la Revolución Francesa, quizás el más famoso, y la lectura tradicional de su obra lo sitúa como uno de los padres de la democracia moderna. No obstante, hay que leer entre líneas y ver las consecuencias de El Contrato Social, que abren la puerta a la posibilidad de que sirva para propiciar la tendencia totalitaria: «Para que el pacto social no sea un formulario vano, implica tácitamente el compromiso, único que puede dar fuerza a los otros, de que el que se niegue a obedecer a la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo».– Rousseau, El Contrato Social, Libro. I, Cap. VII. «La censura sostiene las costumbres impidiendo que las opiniones se corrompan, conservando su rectitud por medio de sabias aplicaciones y, algunas veces, fijándolas cuando son aún inciertas».– Libro IV, Cap. VII ... Y así podemos encontrar muchos otros ejemplos preocupantes en su obra magna.

La Revolución Francesa comenzó con la convocatoria de una institución tradicional, la de los Estados Generales, y terminó decapitando al rey y otros tantos miles de ciudadanos. Fue el exterminio genocida de la oposición, alegando que se hacía en nombre de la razón, como ha sucedido tantas veces en los albores de los regímenes totalitarios con esa o cualquier otra consigna. El poder, incluso el poder absolutista de la monarquía, estaba parcialmente limitado por la tradición y por unos consensos básicos. Liberado de toda tradición, repudiado todo consenso en nombre de la razón, el poder se encontró sin oposición alguna. Fue un proceso gradual aunque rápido desde los Estados Generales a la Asamblea Nacional, de esta a la Constituyente, a la Convención, al Directorio...

La religión formaba parte de esa tradición y de ese consenso y ejercía cierto freno al absolutismo. Podría haberlo ejercido también si hubiera tenido oportunidad de enfrentar la tendencia a dominar por el terror. Pero no fue así, porque en noviembre de 1793 se decidió eliminar radicalmente ese freno y se inició un violento intento de descristianizar Francia como primer paso hacia el poder total. El Terror, que se llevó por delante a 40.000 almas, se justificó en términos prácticos. «He matado a un hombre para salvar a cien mil», diría Murat con un pleno convencimiento de que actuaba movido por la razón. El Estado de derecho se tiraba por la borda en aras de la Revolución.

Aunque hay notables diferencias y aunque aquella Revolución no logró cristalizar en un régimen totalitario gracias al ascenso de Bonaparte al poder, pueden señalarse algunos paralelismos con el nazismo, el comunismo y el castrismo como hijos legítimos de aquella Revolución y de su Reino del Terror. También tendrá que considerarse que en todos esos casos el pueblo, convertido en masa manipulada por sus líderes, se erige como dueño de su destino y sus líderes justifican la represión en su nombre y se adueñan entonces de un poder que no acepta oposición. Hacen un astuto uso político de los instintos del populacho, proclamando que están dando paso a la era de la razón.

Los líderes mesiánicos de hoy aprendieron bien aquellas lecciones. Unos papeles confiscados a Robespierre recogían consignas para los jacobinos que decían: «Es necesario que el pueblo se alíe a la Convención y la Convención al pueblo. Es necesario procurarles armas, encolerizarlos, esclarecerlos». Y, por supuesto, una vez obtenido el poder total, proceder después a sojuzgarlo. Así se ha repetido ese proceso a través de la historia de los dos últimos siglos hasta nuestros días.
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